El
deporte no sólo se ha convertido en el mayor fenómeno
social del siglo XX como diría el maestro José María
Cagigal, sino que ha hecho evolucionar muchos conceptos de nuestra vida
que estaban estancados o empezaban a ser "clásicos".
De entre ellos yo destacaría aquellos relativos al ámbito
de la salud y la medicina. En principio, el deporte de competición
trae consigo una exigencia fundamental que es el rendimiento. Esto es
llevado a su máxima expresión en el deporte de alta competición,
donde siempre existe un intento de superación continuo, bien
contra un adversario, el cronómetro o cualquier otro tipo de
límite. Este concepto de exigencia, no obstante, es también
transferible a la práctica del deporte amateur o popular con
ciertas puntualizaciones. Básicamente, encontramos un cambio
en el objetivo fundamental y, por supuesto, en los premios conseguidos.
El punto de mira deberíamos desplazarlo desde la victoria o el
logro hacia el disfrute y la salud (aunque se pueda mantener un nivel
nada despreciable de competitividad). En cuanto a lo que obtenemos a
través de esta práctica deportiva varía desde unos
ingresos económicos que han alcanzado en algunos deportes la
categoría de astronómicos y un reconocimiento social también
cada día mayor, hasta la mejora de nuestro bienestar y nuestra
salud, la satisfacción que produce la autosuperación,
e incluso la mejora del físico y la imagen; o simplemente el
disfrute del deporte como forma sana de ocio activo. Sean cuales fueren
los trasfondos y objetivos, como comentábamos antes, se mantiene
el concepto de exigencia, esa exigencia nos lleva por tanto a prestar
una mayor atención a todos los factores que influyen en la ejecución
del ejercicio y a una búsqueda continua de una mejoría,
de una progresión, y todo ello manteniendo e incluso mejorando
nuestro "status" de salud. La medicina del deporte nace como
una necesidad dentro de ese crecimiento del ejercicio físico
y el deporte y ocupa un papel protagonista en esa actividad y como
comentábamos al inicio, gracias al deporte de alta competición,
su evolución está siendo espectacular en los últimos
años.
La Medicina Deportiva, o más
correctamente Medicina del Deporte, es un área de la medicina
al mismo tiempo muy nueva y muy antigua. Desde los tiempos de los JJOO
de la Era Antigua se valoraba la importancia de la salud para el rendimiento
de atletas y gladiadores. En los tiempos modernos, diversos especialistas
se han acercado al campo del deporte desde distintos puntos de vista
(traumatólogos, cardiólogos, internistas, fisiólogos,
etc.). Así se han desarrollado unos conocimientos y técnicas
específicas y un cuerpo de doctrina lo suficientemente amplio
como para justificar la existencia de especialistas en Medicina del
Deporte. En esta especialidad médica (cuyo nombre completo es
Especialista en Medicina de la Educación Física y el Deporte)
se forman los médicos que quieren dedicar sus esfuerzos profesionales
a la tutela médica de la práctica del deporte en su sentido
más amplio. Para ello, reciben formación especializada
en los conocimientos médicos específicos relacionados
con dicha actividad(diagnóstico y tratamiento de lesiones deportivas,
cardiología del deporte, nutrición deportiva, urgencias
deportivas, fisiología del esfuerzo, etc) que se complementa
con formación en el área deportiva (conocimiento de los
deportes, de su técnica, de los reglamentos, biomecánica
del gesto deportivo, sistemas de entrenamiento, psicología deportiva,
etc). De esta manera no sólo se consigue una formación
médica especializada, sino que también se consigue un
profesional que se puede desenvolver con soltura en su ámbito
de trabajo (que pasa de ser el hospital a los gimnasios y canchas y
terrenos de juego) y se puede entender con los otros profesionales a
los que va dirigida su actividad (deportistas, entrenadores, monitores,
preparadores físicos, etc). Cuando hablábamos de la tutela
médico deportiva en el sentido más amplio, nos referíamos
a que hoy en día la Medicina del Deporte no solo abarca el cuidado
y optimización del rendimiento del deportista (generalmente de
élite) sino que también le "da la vuelta a la tortilla"
utilizando el deporte como elemento terapéutico, como fármaco.
Es un fármaco muy complejo y en que influyen muchas variables
de no fácil control (tipo de ejercicio, intensidad, volumen,
recuperaciones, etc), y esto lo convierte en una herramienta de mucha
más difícil prescripción y dosificación
de lo que a primera vista pudiera parecer, justificando así su
manejo por auténticos especialistas.
A pesar de todo esto y de ser una especialidad creada y reconocida por
los Ministerios de Educación y Cultura y de Sanidad, en nuestro
país, donde la medicina está ampliamente socializada,
la sanidad pública no cuenta con especialistas en Medicina Deportiva.
Es decir, un usuario cualquiera no puede cubrir sus necesidades de estos
especialistas a través de la sanidad pública. Ni tan siquiera
las grandes compañías sanitarias cuentan con especialistas
en Medicina Deportiva en sus listados de profesionales. Hoy en día
el "habitat" en que los podemos encontrar son los grandes
clubes deportivos de fútbol y baloncesto (aún así
todavía más de la mitad de los mismos están atendidos
por médicos "no especialistas"), los centros de Alto
Rendimiento y Medicina Deportiva de ámbito estatal (dependientes
del Consejo Superior de Deportes) o regional (dependientes de las corporaciones
locales o gobiernos autónomos). Sin embargo la demanda de una
atención especializada que pueda abarcar esas técnicas
y conocimientos que hemos comentado es cada vez mayor en todos los ámbitos:
en el del deporte de élite y de competición, en el del
deportista aficionado, en el de la persona que inicia una actividad
física como opción de ocio activo y de práctica
saludable, en el de la prevención de patologías asociadas
a ciertos trabajos y actividades, en el del ejecutivo que quiere mantenerse
en forma y "entrenado" para mantener un ritmo de vida altamente
exigente, e incluso en el del médico que sabe que debería
incorporar la actividad física dentro del tratamiento o recomendaciones
que dirige a sus pacientes. De esta evolución de la medicina
y de esta demanda creciente, y en la mayoría de las ocasiones
no satisfecha, surge la idea de crear nuevos centros de Medicina Deportiva
que pueda ofrecer dichos servicios en los distintos ámbitos en
que está surgiendo la demanda, así como colaborar a una
aún mayor evolución de la propia Medicina del Deporte
y de su aplicación sobre todo en campos ajenos al deporte de
competición (fitness, ocio activo, pequeños clubes y asociaciones
deportivas, escuelas deportivas, rendimiento empresarial, prevención
de riesgos laborales, trabajo en equipo con otros especialistas (p.e.
rehabilitación cardiaca), medicina estética, antienvejecimiento,
etc.)
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